Escuela-Casa

¿Dónde estarán los recuerdos de ayer? Donde estarán, al lado de mi piel. Pablo Milanés

En estos últimos meses  palabras como pandemia, coronavirus, epidemia han llegado y se han instalado en el discurso común.  De la mañana a la noche nuestros planes cambiaron. El mapa de la ciudad y del mundo cambió, de pronto estamos  ante un mapa rojo que minuto a minuto nos dice la cantidad de infectados que hay en el mundo.

Lo inesperado ha golpeado nuestra puerta.

¿Cómo manejarnos con eso inesperado?  ¿Qué decir ante eso que irrumpió, así de golpe,  en nuestro plan de vida?

Lo nuevo, lo inesperado trae consigo ansiedad, angustia, miedo, inquietud, incertidumbre en todos: niños y adultos. Un nuevo mundo se instaló y no sabemos por cuánto tiempo. De un día para otro el escenario que creíamos estable no lo era tanto.  

¿Que afecta al niño en especial? y ¿qué es lo  afectado? Afecta la pérdida así de pronto;  la ruptura con la rutina que ahora se nos escapa como agua entre las manos, se nos disipan los días de la semana, ya no está la rutina esa que marcaba nuestra temporalidad, no más club, no más vecino, no más familia ampliada, no más plaza, no más iglesia, no más escuela…por ahora. Y lo afectado es el lazo social.

La escuela que no es ajena a esta circunstancia, también de un día para otro cerró sus puertas hasta nuevo aviso.

Tiempo en que se instaló la casa-oficina  para algunos, la casa-escuela para otros.

Los niños a los que preparamos durante todo el verano diciéndoles: vas a ir al jardín, vas a tener compañeritos nuevos, vas a volver a ver a la seño…ahora todo eso se juega por medio de una pantalla, esa que en tantas ocasiones pusimos en cuestión…ahora nos salva, nos conecta. Ahora es la que posibilita el encuentro con otro. 

Poco a poco estamos poniendo a rodar otras palabras, palabras que calmen, que informen, que derritan el temor y la angustia. En este momento es necesaria la emergencia de palabras que calmen, que apacigüen. Nos estamos cuidando entre todos debido a una emergencia sanitaria  y el hecho de no ir a la escuela no implica vacaciones.

Los docentes han dado cuenta de un compromiso y responsabilidad para plantear posibles actividades con una diligencia hasta ahora inédita. La tarea escolar se suma ahora a las tareas de la casa. Sabemos que no todas las casas cuentan con una computadora, acceso a internet, y en caso que así sea, en ocasiones hay una computadora y la usan el papa y la mama para trabajar, los chicos para sus tareas y eso se va haciendo dificultoso.

En este contexto la casa se torna refugio posibilitando que cada uno de sus miembros sostenga en parte algo de una rutina, de un orden, ¿Pero cómo hacerlo?

Pensar algunos ejes que hagan posible esa experiencia de la escuela en casa, con su particularidad, dado que la casa no es la escuela y viceversa tal vez alivie este momento singular que nos toca vivir a todos y a cada uno:

  • Encontrar un adulto dispuesto y responsable que se instituya como referente en casa. De ser una tarea compartida acordar ciertos criterios básicos.
  • Establecer lugar y horario fijo que den marco al trabajo pedagógico, algo que del afuera está ahora adentro y eso confunde, por eso mismo se hace necesario sostener este espacio de trabajo con un orden posible, que lo pedagógico requiere.
  • Anticipar ese encuadre de trabajo y sostenerlo, distribuir tiempo de trabajo y de recreo para todos es importante.
  • Tengamos en claro, que la escuela es mucho más que asegurar una cobertura curricular. La escuela brinda al niño la posibilidad de construir un lazo social único e irrepetible.
  • Los papas no son docentes y si lo son, en casa no están en función docente. Si estoy como papa no estoy como docente. 
  • Psibilitar el lugar del sujeto que aprende como sujeto autónomo, que cada uno se haga cargo dentro de lo  posible: del manejo de su mochilita, de sus lápices, de su material.
  • Trabajar tutelado no es un trabajar asistido.
  • Marcar en un almanaque los días, el de ayer, el de mañana, los cumpleaños  para armar una línea de tiempo de esta vida en este adentro-sin afuera.
  • Escuchar canciones, leer cuentos, revistas, recortar, amasar para los más pequeños.
  • Recuperar algo del lazo social perdido por medio de video-llamada con compañeros, docentes. Verse unos a otros visibiliza que esos otros están igual que nosotros.
  • Jugar y jugar y jugar. El juego tiene un valor inestimable, ayuda al niño a constituirse psíquicamente, a razonar, a anticipar, a contar…el juego es cosa seria.

No son tiempos fáciles estos que nos toca recorrer, demos cabida al acto creativo como también  a la función de sostén y de un  orden  amoroso que solo es posible  que lo brinde un adulto. Esa escuela-casa la tenemos que construir entre todos, es parte de nuestra realidad hoy.

Por Mgtr. Viviana Cuevas 

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